Veinticinco temas. La primera vez que imprimes el índice del temario de Audición y Lenguaje, el número impone. Pero te adelanto algo que repito mucho a mis alumnas: el temario de AL no es una lista plana de veinticinco títulos: tiene una lógica interna. Cuando la ves, organizarlo deja de ser motivo de agobio y se convierte en un plan. Aquí te cuento cómo lo agrupo por bloques, en qué orden recomiendo estudiarlo, qué hacer con los temarios comprados y cómo planificar las vueltas con la vista puesta en la convocatoria que se espera para 2027.
De dónde salen los 25 temas (y por qué el número importa)
El temario de AL es oficial y no lo elige ninguna academia: la Orden ECD/191/2012 mantiene vigente el temario aprobado en 1993, que para nuestra especialidad consta de 25 temas. Sí, has leído bien: los títulos se redactaron hace más de treinta años. Tu desarrollo, en cambio, tiene que sonar a hoy.
Y el número no es un detalle menor. El Real Decreto 276/2007 establece que, en las especialidades de hasta 25 temas, el tema escrito se elige entre solo dos sorteados, y así lo aplicó la última convocatoria andaluza de Maestros, la Orden de 21 de febrero de 2025: el tribunal saca dos bolas y tú desarrollas una por escrito, con un máximo de dos horas y cuarto.
La traducción práctica es incómoda pero útil: con solo dos opciones en el sorteo, cada tema que dejas flojo es una apuesta en contra. En AL no sirve la estrategia de descartar medio temario. Aquí se llega al examen con los 25, y por eso organizarse bien no es un lujo: es la única manera de que quepan todos.
Los bloques naturales del temario
La buena noticia es que los 25 temas se agrupan casi solos. A grandes rasgos, yo trabajo con cinco bloques:
- Marco general: la educación especial, la atención a la diversidad y el papel de la escuela ante las necesidades educativas especiales. Es el suelo sobre el que pisan todos los demás.
- Lenguaje y comunicación: qué es el lenguaje, cómo se adquiere y qué bases anatómicas, neurológicas y psicológicas lo sostienen. El bloque más conceptual y el que más se reutiliza.
- Trastornos: las alteraciones del habla, de la voz, del lenguaje oral y escrito, y las necesidades vinculadas a la audición y a otras condiciones del alumnado.
- Intervención y evaluación: cómo evalúa y cómo interviene la maestra o el maestro de AL, y cómo se concreta esa respuesta en el centro y en el aula.
- Sistemas de comunicación: los sistemas aumentativos y alternativos de comunicación, que merecen bloque propio porque cruzan casi todos los perfiles de alumnado que atendemos.
Pensar por bloques te da dos cosas. Primero, visión de conjunto: ya no son 25 unidades sueltas, son cinco historias con capítulos. Y segundo, transferencia: la bibliografía, la normativa y hasta párrafos enteros de introducción se comparten dentro de un mismo bloque, así que el esfuerzo del primer tema abarata todos los siguientes.
Actualizados vale más que bonitos
Es el error que más veo: opositores/as con temas preciosos, maquetados con mimo, llenos de colores… y con normativa derogada o enfoques que se quedaron viejos. El tribunal no ve tu archivador: ve un ejercicio escrito a mano, corregido de forma anónima. Lo que puntúa es el contenido, y el contenido caduca.
Un temario de 1993 desarrollado como en 1993 no compite. Cada tema tiene que estar releído desde la LOMLOE y desde la normativa andaluza vigente: la ordenación actual de la atención a la diversidad, la terminología que hoy usa la Administración y el currículo que se aplica en nuestros colegios. En este artículo sobre la normativa que hay que citar en AL tienes el repaso completo, porque da para texto propio.
De hecho, en los criterios de valoración que se publicaron para los tribunales del Cuerpo de Maestros en la última convocatoria, la de 2025, la mayor parte de la puntuación del tema se concentraba en el desarrollo de los contenidos específicos de la especialidad, y se valoraba expresamente que el ejercicio se apoyara en citas normativas y bibliográficas. Los criterios de la próxima convocatoria se conocerán cuando se publiquen, pero es difícil que esa lógica cambie: lo que puntúa es el contenido, y el contenido tiene que estar al día.
¿En qué orden los estudio?
Del 1 al 25, no. Ese orden es administrativo, no didáctico. El que recomiendo a mis alumnas es este:
- Empieza por el bloque de lenguaje y comunicación. Es la base conceptual: sin entender cómo se adquiere y se organiza el lenguaje, los trastornos se estudian de memoria, y la memoria sola no aguanta 25 temas.
- Sigue con los trastornos, cada uno emparejado con su intervención. Estudiar el trastorno y su respuesta educativa en la misma semana fija mucho mejor que verlos separados por meses. Además, es exactamente el músculo que te pide el supuesto práctico.
- Intercala los sistemas de comunicación cuando llegues al alumnado que los necesita: se entienden mejor con un perfil concreto delante que como catálogo aislado.
- Deja el marco general para el final… como tema, no como contenido. La normativa y el enfoque de atención a la diversidad los vas a ir tocando desde el primer día; redactar esos temas al final te permite escribirlos con todo lo aprendido.
¿Redactar tus temas o comprar un temario?
Las dos opciones puras tienen trampa. El temario comprado ahorra meses de búsqueda, pero llega con tres riesgos: puede estar desactualizado, puede no estar adaptado a Andalucía y, sobre todo, es el mismo texto que van a escribir decenas de personas el día del examen. Redactarlo todo desde cero, en el otro extremo, es un proyecto de años que pocas personas pueden permitirse.
Mi consejo es el camino intermedio: parte de una base solvente y reescríbela hasta que sea tuya. Cambia la estructura, mete tus autores de referencia, tu normativa andaluza al día, tus ejemplos de aula. Lo que reescribes se estudia solo, porque ya ha pasado una vez por tu cabeza; lo que solo subrayas se olvida. Y un tema con voz propia se nota, incluso en un ejercicio anónimo.
El calendario de vueltas: repasar es lo que aprueba
Nadie se sabe los 25 temas por haberlos estudiado una vez. Se los sabe quien los ha repasado cuatro. Por eso el calendario no se organiza por temas, sino por vueltas:
- Primera vuelta (la lenta): comprender, reescribir y cerrar cada tema. Es la más larga y la única en la que se avanza tema a tema.
- Segunda vuelta: reducir cada tema a un esquema de una página. Aquí el bloque entero se repasa en días, no en semanas.
- Tercera vuelta y siguientes: memoria activa. Recitar el esquema sin mirar y, sobre todo, escribir temas completos contra reloj, que es la habilidad real que se examina.
¿Y las fechas? A día de hoy no hay convocatoria publicada: la previsión (no oficial) apunta a que la Orden salga en el BOJA entre febrero y marzo de 2027, con el examen en junio de 2027. Eso significa planificar hacia atrás desde ahí: llegar a la primavera de 2027 en vueltas de repaso, no abriendo temas nuevos. En el plan realista de 12 meses tienes ese calendario desarrollado mes a mes.
Y una última cosa, porque el título de este artículo lo promete: el agobio no lo quita estudiar más horas, lo quita saber en qué punto del plan estás. Con bloques, orden y vueltas, los 25 temas dejan de ser una montaña y pasan a ser una ruta. Se sube igual, pero sabiendo cuánto queda.
Maestra de Audición y Lenguaje y preparadora de oposiciones de AL en Andalucía.
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